martes, 29 de junio de 2010

Variedades, la garnacha tintotera

La garnacha tintorera ofrece sensaciones
fuertes en la copa, sobre todo en su juventud:
mucho color, mucha potencia frutal,
gran intensidad y marcada acidez. No es
extraño que Pep Aguilar, de Bodegas
Almanseñas, diga de ella que “es un potro
salvaje al que hay que domar con mucho
mimo y paciencia”.
Kasia Romanska, de Orowines, comercializadora
de los proyectos del importador de
vinos en Estados Unidos, Jorge Ordóñez y
de la familia Gil de Jumilla, reconoce que
hay que explicar esta fuerza bruta al consumidor.
De hecho la opción de Bodegas
Atalaya con su primera añada 2007 en el
mercado fue la de combinarla con la otra
variedad local de la denominación, la
monastrell, y pequeños porcentajes de uvas
foráneas. Por suerte, el enólogo del grupo,
Bartolomé Abellán, me dio a probar una
muestra pura de depósito de la cosecha
2008 con el color más profundamente violáceo
que recuerdo haber visto en los últimos
años y una explosión frutal tan profunda
como impactante. Desde luego, el tipo de
vino que impresiona a un catador y que también
hace perfectamente comprensible por
qué, gracias a esa brutal intensidad colorante,
esta variedad ha sido durante muchos
años la reina de los graneles.
¿Tintorera o alicante bouschet?
En 2007 había algo más de 22.000 hectáreas
de garnacha tintorera en España, la mayor
parte en Castilla-La Mancha, sobre todo en la
provincia de Albacete y muy especialmente en
la denominación de origen Almansa, y algo
menos en Valencia y Murcia.
Estudiosos de la vid como Hidalgo y Galet
habían considerado la garnacha tintorera
como una variedad autóctona española,
mientras otros la identificaban como alicante
bouschet, una uva creada a partir de
los cruces realizados en el siglo XIX por
Louis y Henri Buschet (a partir de aramon
y teinturier du cher se consiguió la petit
bouschet y del cruce de esta última con
garnacha nació la alicante bouschet). La
alicante bouschet como tal también está
presente en Galicia, donde se contabilizaban
en 2007 algo más de 6.000 hectáreas,
pero tiene bastante poca incidencia en los
tintos de calidad, más centrados en la mencía
y últimamente en la recuperación de
otras uvas autóctonas de la región.
Finalmente, un estudio realizado por investigadores
españoles publicado en 2003 concluyó
que todas las “tintoreras” existentes en
España procedían de los cruces creados por
los Bouschet. El análisis genético de distintas
muestras llegó a identificar tres variantes de
tintorera en nuestro país: la alicante bouschet,
la petit bouschet y un tercer híbrido procedente
del cruce de petit bouschet y graciano.
Todas ellas comparten el hecho de tener la
pulpa coloreada frente al resto de variedades
tintas en las que ésta es incolora y que depen-
En 2007 había algo
más de 22.000
hectáreas de
garnacha tintorera
en España,
la mayor parte en
Castilla-La Mancha
Variedades
abril 2010 13
den, por tanto, de la maceración con los hollejos
o pieles para la extracción de color.
¿Pierde romanticismo la historia de la garnacha
tintorera del sudeste español al haberse
revelado como no autóctona? Es posible. Sin
embargo nunca ha habido tanto interés por
sacar el máximo partido de ella. Y el patrimonio
de cepas viejas perfectamente adaptadas
al terreno que hay en Almansa y en algunas
otras zonas de Castilla-La Mancha constituye
el mejor punto de partida para ello.
Almansa, el “lugar”
de la garnacha tintorera
La altitud de la zona de Almasa, situada justo en
la subida a la meseta viniendo desde Alicante, es
un factor claro de calidad y ayuda a contrarrestar
la alta insolación que se registra en verano
en esta zona de clima continental bastante
extremo, permitiendo conseguir buenos índices
de acidez. Desde los 780 metros del municipio
de Almansa se llega hasta los 1.000 a medida
que se asciende hacia Alpera e Higueruela. Dice
Pep Aguilar, de Bodegas Almanseñas, uno
de los proyectos de reciente creación (en 2003)
que están dinamizando la zona, que a la garnacha
tintorera “le gusta bastante la altitud” y
añade que “la edad de los viñedos para dar una
buena calidad es a partir de 10-12 años, aunque
también se pueden hacer cosas interesantes con
viñas más jóvenes. Pero la excelencia siempre la
solemos encontrar en los mejores terruños con
los viñedos más viejos que en nuestra zona tienen
entre 50 y 60 años”.
Los primeros monovarietales de garnacha
tintorera con pretensiones llegaron al mercado
hace algo menos de diez años. Las
cooperativas de Alpera e Higueruela, zonas
de mayor concentración de viñedo de la
Denominación de Origen Almansa, crearon
la sociedad Tintoralba y lanzaron una gama
de vinos apoyados en su abundante uva
local. Junto a ellas, Bodegas Piqueras,
firma histórica de calidad que había recurrido
para su amplia gama de vinos embotellados
al apoyo de variedades foráneas y
había introducido la tempranillo en la
región, también empezó a trabajar la tintorera
en solitario.
El Higueruela 2009 de Tintoralba que probamos
hace unos días nos puso en contacto
con la cara más primaria de la variedad. Sólo
el color (violáceo intenso, vivo y brillante)
marca diferencias con una gran mayoría de
tintos. Muy frutal (fresa, caramelo, regaliz) y
con frescas notas vegetales, se elabora en parte
con racimos enteros (maceración carbónica),
lo que realza su intensidad aromática y ofrece
un buen primer acercamiento a la variedad en
el entorno de los cinco euros.
Tintoralba elabora en la actualidad
300.000 botellas repartidas en cinco etiquetas
y acaba de crear dos nuevas marcas para
la exportación. Muy pocas botellas se quedan
en España porque, como nos cuenta su
director técnico, Pedro Sarrión, “hay menos
consumo y muchas referencias de otros
vinos y nos era muy difícil conseguir distribuidores
que apostaran por nosotros para
hacer marca. En los mercados extranjeros en
cambio prefieren importar vinos de variedades
autóctonas que no son competencia de
otros países, por lo que nos piden la garnacha
tintorera como monovarietal o con un
pequeño porcentaje de otra variedad”.
Juan Pablo Bonete, de Bodegas Piqueras,
comparte la misma opinión y estima que el
85% del vino embotellado que se produce en
la denominación se destina a la exportación.
Desde su punto de vista, “la garnacha tintorera
sigue siendo el mayor hecho diferencial
de nuestra D.O.” aunque recuerda la presencia
también importante de monastrell y la
buena adaptación de la syrah a las condiciones
climáticas y edafológicas de la zona. Nos
mandó su Castillo de Almansa Colección
Garnacha Tintorera 2008 con buena consistencia
en boca y en una versión de la uva
domada por la madera y con aromas de cedro
y caja de puros.
A Almansa le ocurre como a otras regiones
españolas que han dado el salto de los graneles
al embotellado (Campo de Borja,
Calatayud, Jumilla, Yecla…). Le cuesta cambiar
la imagen del pasado en el mercado
nacional y, en cambio, el hecho de tener una
uva propia le abre las puertas de los mercados
internacionales.
El pasado granelista también tiene su reflejo
en el viñedo. Pep Aguilar, de Bodegas
Almanseñas, considera que, en cierto modo,
“tienes que empezar de cero y entender primero
cómo se comporta la variedad en el
Variedades
campo para sacar conclusiones y saber luego
cómo se va a elaborar”.
Múltiples versiones
En la mayor parte de su gama de vinos manda
la combinación de garnacha tintorera y
monastrell (en ocasiones con pequeños porcentajes
de variedades foráneas), pero para su
tinto más destacado se ha querido que la
variedad reina de la zona vaya en solitario.
Adaras es además un tinto serio y ambicioso,
con crianza de 18 meses en roble francés y que
se elabora a partir de los mejores viñedos y
con las uvas más seleccionadas. La producción
es muy pequeña, en torno a las 6.000
botellas, y el precio llega a los 25 €.
El Adaras 2005 que probamos, de 14%
vol., profundiza en la capacidad de la variedad
para desarrollarse en botella. Le viene
bien una buena oxigenación para que asome
la madurez de la fruta en mermelada. La
boca es golosa y madura, sin el golpe de acidez
que aparece en las tintoreras jóvenes.
Realmente, los estilos varían bastante de
una bodega a otra, sobre todo desde el
momento en que entra en juego la barrica y
no es fácil establecer parámetros comunes.
De la misma bodega, La Vega de Adaras
2006 que probamos para la última edición
de La Guía está elaborado con garnacha
tintorera y monastrell al 50%. Es más directo,
con notas florales y de fruta silvestre, primario
y aromático en boca.
El Atalaya 2007, de Bodegas Atalaya
sigue una receta parecida. Con una crianza
algo más corta en barrica y un carácter más
balsámico y de fruta algo más madura, se
mereció un “lacre” en nuestra guía. Pero,
según nos ha confirmado Miguel Gil, uno de
los socios del grupo, a partir de la cosecha
2008 el vino pasará a ser 100% garnacha
tintorera. La presencia del enólogo australiano
de origen español Frank Gonzales,
experimentado en el trabajo con la alicante
bouschet, ha permitido realizar este cambio
de rumbo. El renovado Atalaya 2008 estará
en el mercado el mes próximo.
Fuera de Almansa, la garnacha tintorera
actúa de uva comparsa en las regiones manchegas
colindantes. Pero quizás el ejemplo
más notable de monovarietal en otra zona sea
Detrás de la Casa, elaborado en Yecla
(Murcia) por la familia Castaño para su distribuidor
Quim Vila. Forma parte del proyecto
Viña al lado de la Casa encaminado a
mostrar la gran fuerza de la monastrell de
esta denominación de origen. Una vez realizado
el coupage de este vino, que a menudo
se apoya en pequeños porcentajes de otras
variedades, las mejores partidas de lo que
sobra van al Detrás de la Casa, que puede
variar en su composición varietal en función
de lo conseguido en cada añada. Hemos
catado para La Guía versiones monovarietales
de garnacha tintorera de las añadas
2003 y 2004 (con producciones anecdóticas
de 540 y 440 botellas respectivamente),
dentro de un estilo de mayor madurez que el
que se encuentra en Almansa.
En parte esto se explica porque la altitud en
Yecla es menor, en torno a los 700 metros,
el perfil de los suelos, más calcáreo y las
lluvias menos abundantes. Bodegas Castaño
cuenta con unas 50 hectáreas de esta
variedad plantadas en la zona norte, en la
finca Las Gruesas, en su mayoría cepas viejas
de más de 30 años. Su enólogo, Mariano
López, nos explica que la tintorera se comporta
muy bien junto con la monastrell y
que los mejores resultados se obtienen de
viñas viejas de bajas producciones, con fermentación
a temperatura controlada y
maceraciones más bien cortas. “El componente
aromático –señala– es muy dominante,
pero aporta extracto, sedosidad en
boca, contrarresta la baja acidez de la
monastrell y rellena el centro de boca”.
Este efecto es bien patente en el Solanera,
un vino hecho a la medida de su importador
americano Eric Solomon que, por desgracia,
no se comercializa en España. El 15% de tintorera
que acompaña en la mezcla a la
monastrell (65%) y a la cabernet (20%) le da
una profundidad y una vivacidad extra. Hay
en este vino un destello que enlaza la intensidad
del Atalaya 2008.
Y es que la garnacha tintorera, además de
ser la plusmarquista mundial de los antocianos
(responsables del color en el vino),
puede llegar a tener una personalidad arrebatadoramente
diferente en la copa. Más
apta, eso sí, para los amantes de las sensaciones
fuertes.