martes, 3 de mayo de 2011

PAGO DEL VICARIO ,VINO Y ENOTURISMO




La bodega manchega Pago del Vicario, situada a nueve kilómetros de Ciudad Real y que comercializa sus vinos bajo la denominación Vino de la Tierra de Castilla, es un proyecto que, desde sus inicios en el año 1998, ha querido integrar una filosofía de elaboración de vino de pago con una oferta de calidad en enoturismo. Con una cuidadosa proyección en la plantaciones de viñedos, situados en las 240 has. de la finca junto al Guadiana y a los pies de los Montes de Toledo, un hotel y un restaurante, Pago del Vicario es una interesante bodega tanto en el mundo del enoturismo, como en la elaboración de vinos de calidad.
La bodega, que fue inaugurada en el año 2000, es fruto de la iniciativa de los hermanos Antonio e Ignacio Barco, procedentes de una familia de larga tradición vinícola como la de su padre, Dario Barco, propietario de una bodega en la localidad de Miguelturra hasta 1995. También, el nombre de la bodega hace referencia a un antiguo antepasado de la familia, gran amante del vino y de la viticultura, que fue vicario de la diócesis de Ciudad Real y defendió el concepto de vino de pago; una filosofía que mantiene esta bodega en la actualidad. El nombre de Pago del Vicario también proviene de la proximidad a la finca del embalse del Vicario, construido sobre el Guadiana, en cuya ribera crecen los viñedos de la bodega. El resultado es una insólita imagen de La Mancha, un rincón insperado y de gran belleza por la envergadura del Guadiana y el conjunto de bien cuidados viñedos, con las cercanas sierras en la retaguardia.
En la actualidad, el equipo de Pago del Vicario está formado por 58 profesionales del sector del vino, la restauración y el turismo entre los que destacan Susana López Mendiondo, enóloga de la bodega o Richard Smart como asesor externo en temas de viticultura. La envergadura del proyecto, que ha comenzado su expansión adquiriendo una bodega en El Bierzo y otra en la sierra de Fondón en Almería, hace que los responsables estimen una rentabilidad a muy largo plazo, aproximadamente 25 años.

domingo, 6 de febrero de 2011

PAGO DE LOS CAPELLANES: UNA DE LAS BODEGAS MAS JOVENES DE LA RIBERA DEL DUERO



En once años Pago de los Capellanes ha alcanzado el podio de las grandes bodegas de la Ribera del Duero, dominado por las casas más antiguas de la zona, como Vega Sicilia o Alejandro Fernández. En ese tiempo la familia Rodero – Villa ha sabido labrarse una fama de bodegueros serios, elaboradores comprometidos con el terruño y productores de vinos de gran calidad reconocidos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
Iniciando su etapa de madurez, Pago de los Capellanes se ha convertido en una de las bodegas sobresalientes y de corte más moderno de la D.O. Ribera del Duero. El matrimonio Rodero – Villa, acompañado por un equipo excepcional, en el que figura el enólogo Francisco Casas, y apostando por una forma muy particular de concebir el vino, ha logrado que una finca que apenas tenía unos miles de cepas en vaso supere las 100 hectáreas de viñedo propio, la mayoría en espaldera, que rodean la bodega, obra de Jesús Manzanares, que ha firmado también otras bodegas como las de Enate, en la D.O. Somontano, y la de Álvaro Palacios, en la D.O.Priorato.
Pago de los Capellanes se encuentra a un kilómetro escaso de Pedrosa de Duero, pueblo burgalés en el que se vendimian algunas de las mejores uvas de toda la Ribera, y en el que durante el medioevo hubo una capellanía. Con el paso del tiempo, los capellanes de Pedrosa llegaron a reunir un término municipal pero con la llegada de la desamortización de Mendizábal (1855) las propiedades de la iglesia y el clero debieron regresar a manos del ayuntamiento. A pesar de ello, sus habitantes han continuado designando al lugar el Pago de los Capellanes.
La bodega, moderna y funcional, se inició a construir en 1996, aunque el viñedo ya era desde mucho antes propiedad de la familia, que comenzó a alimentar el sueño de tener bodega propia desde 1980.
En Pago de los Capellanes se conjugan variedades como Tempranillo (80%), Cabernet Sauvignon (10%) y Merlot (10%). En todas ellas se aplica un estricto control de producción. De hecho sólo se recogen 5.000 kilogramos por hectárea, por debajo de los 7.000 permitidos por el C.R.D.O. Ribera del Duero. Este dato, al igual que el seguimiento personal de todas las partidas embotelladas, son sólo dos ejemplos del patrón de calidad que se practica en esta bodega. Así nace toda la gama de vinos que hoy llega al mercado con su sello. Tintos con un potencial muy personal, fruto de la tranquilidad, el cariño y la paciencia.
Los suelos de los que nacen estos vinos se encuentran a 800 metros sobre el nivel del mar y son arcilloso-calcáreos, con escaso potencial productivo, lo que obliga a la planta a enraizar profundamente. Cepas que se enfrentan a veranos muy calurosos (de hasta 45ºC) e inviernos muy fríos (0º) con un nivel hídrico de unos 500ml al año. Asimismo, durante la vendimia los contrastes térmicos también son acentuados entre el día y la noche lo que favorece la maduración de los racimos, potenciando el grado alcohólico, el color y los taninos, pero, lo que es más importante, manteniendo una acidez equilibrada.
El viñedo estaba formado inicialmente por unas pocas cepas de Tempranillo pero, año tras año, el equipo de Pago de los Capellanes ha ido multiplicando sus mejores clones, y las plantas que mejor se han adaptado al terreno y a la climatología se han seleccionado en el campo para continuar las plantaciones. Esto ha dado lugar a que hoy tengan una amplia variedad de parcelas.
La base de sus elaboraciones es el Tempranillo o Tinto Fino, aunque no olvidan la elegante Merlot que aporta aromas muy interesantes para los vinos más jóvenes y la variedad Cabernet que con su elevada acidez alarga las crianzas en barrica.

domingo, 23 de enero de 2011

Los hermanos pequeños de la Ribera





Ribera del Duero | Más "segundos" por debajo de 12 €
La lista de novedades (y de novedades recomendables habría que añadir) sigue creciendo, quizás con especial intensidad en zonas de precio tradicionalmente más elevado como es Ribera del Duero.
Lo cierto es que Ribera del Duero ha vivido una explosión de vinos asequibles en los últimos tiempos, la mayoría de ellos con el denominador común de desmarcarse de indicativos de crianza y abandonar el concepto “roble” que tanto furor hizo hace algunos años.
En todos los casos estamos hablando de tintos por debajo de los 12 €, casi siempre con envejecimientos en barrica inferiores a los crianzas de la zona y en la mayoría de los casos entre cinco y siete meses. La tendencia realmente no es nueva y cuenta con algunos precedentes muy recomendables por su relación calidad-precio entre los que habría que señalar La Planta, de Bodegas Arzuaga (seis meses de barrica y unos 7-8 €), Finca Resalso, de Emilio Moro (cuatro meses de barrica y unos 8 €), Cepa Gavilán, de Hnos. Pérez Pascuas (éste con un envejecimiento mayor de 12 meses de crianza y unos 10 €), Vizcarra Senda del Oro, de Bodegas Vizcarra (seis meses en barrica y 7-8 €), Sembro, de Viñas del Jaro (unos cinco meses de crianza y entre 8 y 9 €) o Semele, de Montebaco (12 meses de crianza y unos 9 €).
Precisamente la familia Moro, que ya contaba con la experiencia del Finca Resalso, ha creado una nueva marca para su segundo proyecto en Ribera del Duero, Cepa 21, en el que explota el factor mediático de contar con accionistas como el actor Imanol Arias, el futbolista José Antonio García Calvo o el empresario Antolín Murias. El nuevo tinto, con ocho meses de crianza en roble francés y un precio que se sitúa en el entorno de los 10 €, se comercializa con el nombre de Hito (en alusión a los postes de piedra que sirven para indicar la dirección o las distancias en los caminos). Se trata de un 100% tinto fino, del que en su primera cosecha 2008 se han elaborado 300.000 botellas. Es un tinto de cuerpo medio, con abundantes notas lácticas y balsámicas, equilibrado, con notas de fruta roja y, como todo lo que lleva la firma de la familia Moro, de impecable elaboración.
La bodega de Quintanilla de Onésimo Finca Villacreces, propiedad hoy del grupo riojano Izadi y que siempre se había movido en cotas altas de precio con su Finca Villacreces y su top Nebro, ha presentado también con la añada 2008 Pruno. En el ensamblaje incluye un 10% de cabernet junto a la tinto fino, se elabora con las cepas de menos de 20 años de la finca que coincide con la uva que se vendimia antes. Se ha criado 12 meses en barrica y se sitúa en el mercado en el entorno de los 10 €. El nombre alude al cerezo en flor o cerezo japonés. En la copa se mueve con parámetros similares a Hito: muy limpio, fruta roja, lácticos, cuerpo medio y fresco.
El tercero en discordia podría ser muy bien Alconte 2007 de Bodegas y Viñedos Montecastro, un 100% tinto fino con crianza de 11 meses en roble francés y americano y del que se han elaborado 56.000 botellas en su añada de presentación en el mercado. También con maderas lácticas y golosas que le hace muy comercial, accesible y fácil de beber, y precio en el entorno de los 10 €.
Nuevas opciones comedidas con el bolsillo, todas ellas de impecable elaboración, con cierto carácter de zona, aunque no intenten buscar la personalidad y mineralidad de los grandes. Ya saben; no se dan duros a peseta, aunque no hay duda de que hoy es más fácil encontrar propuestas de relación calidad-precio en esta denominación que siempre ha marcado distancias en precio respecto a Rioja.