domingo, 6 de febrero de 2011

PAGO DE LOS CAPELLANES: UNA DE LAS BODEGAS MAS JOVENES DE LA RIBERA DEL DUERO



En once años Pago de los Capellanes ha alcanzado el podio de las grandes bodegas de la Ribera del Duero, dominado por las casas más antiguas de la zona, como Vega Sicilia o Alejandro Fernández. En ese tiempo la familia Rodero – Villa ha sabido labrarse una fama de bodegueros serios, elaboradores comprometidos con el terruño y productores de vinos de gran calidad reconocidos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
Iniciando su etapa de madurez, Pago de los Capellanes se ha convertido en una de las bodegas sobresalientes y de corte más moderno de la D.O. Ribera del Duero. El matrimonio Rodero – Villa, acompañado por un equipo excepcional, en el que figura el enólogo Francisco Casas, y apostando por una forma muy particular de concebir el vino, ha logrado que una finca que apenas tenía unos miles de cepas en vaso supere las 100 hectáreas de viñedo propio, la mayoría en espaldera, que rodean la bodega, obra de Jesús Manzanares, que ha firmado también otras bodegas como las de Enate, en la D.O. Somontano, y la de Álvaro Palacios, en la D.O.Priorato.
Pago de los Capellanes se encuentra a un kilómetro escaso de Pedrosa de Duero, pueblo burgalés en el que se vendimian algunas de las mejores uvas de toda la Ribera, y en el que durante el medioevo hubo una capellanía. Con el paso del tiempo, los capellanes de Pedrosa llegaron a reunir un término municipal pero con la llegada de la desamortización de Mendizábal (1855) las propiedades de la iglesia y el clero debieron regresar a manos del ayuntamiento. A pesar de ello, sus habitantes han continuado designando al lugar el Pago de los Capellanes.
La bodega, moderna y funcional, se inició a construir en 1996, aunque el viñedo ya era desde mucho antes propiedad de la familia, que comenzó a alimentar el sueño de tener bodega propia desde 1980.
En Pago de los Capellanes se conjugan variedades como Tempranillo (80%), Cabernet Sauvignon (10%) y Merlot (10%). En todas ellas se aplica un estricto control de producción. De hecho sólo se recogen 5.000 kilogramos por hectárea, por debajo de los 7.000 permitidos por el C.R.D.O. Ribera del Duero. Este dato, al igual que el seguimiento personal de todas las partidas embotelladas, son sólo dos ejemplos del patrón de calidad que se practica en esta bodega. Así nace toda la gama de vinos que hoy llega al mercado con su sello. Tintos con un potencial muy personal, fruto de la tranquilidad, el cariño y la paciencia.
Los suelos de los que nacen estos vinos se encuentran a 800 metros sobre el nivel del mar y son arcilloso-calcáreos, con escaso potencial productivo, lo que obliga a la planta a enraizar profundamente. Cepas que se enfrentan a veranos muy calurosos (de hasta 45ºC) e inviernos muy fríos (0º) con un nivel hídrico de unos 500ml al año. Asimismo, durante la vendimia los contrastes térmicos también son acentuados entre el día y la noche lo que favorece la maduración de los racimos, potenciando el grado alcohólico, el color y los taninos, pero, lo que es más importante, manteniendo una acidez equilibrada.
El viñedo estaba formado inicialmente por unas pocas cepas de Tempranillo pero, año tras año, el equipo de Pago de los Capellanes ha ido multiplicando sus mejores clones, y las plantas que mejor se han adaptado al terreno y a la climatología se han seleccionado en el campo para continuar las plantaciones. Esto ha dado lugar a que hoy tengan una amplia variedad de parcelas.
La base de sus elaboraciones es el Tempranillo o Tinto Fino, aunque no olvidan la elegante Merlot que aporta aromas muy interesantes para los vinos más jóvenes y la variedad Cabernet que con su elevada acidez alarga las crianzas en barrica.

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